por: El Prof. José Alberto Blanco
La reciente juramentación de decenas de dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en la Fuerza del Pueblo, encabezada por Leonel Fernández en Santiago, no es un hecho aislado ni meramente local. Es un acontecimiento que debe leerse en clave nacional, porque Santiago no es solo la segunda ciudad del país: es un verdadero termómetro político y social que históricamente ha marcado el rumbo de la República Dominicana.
Santiago ha sido, en distintos momentos de nuestra historia, el escenario donde se gestan movimientos que luego se expanden al resto del país. Su peso económico, cultural y social le otorga una influencia que trasciende sus límites geográficos. Cuando dirigentes de trayectoria deciden abandonar el PLD para sumarse a la Fuerza del Pueblo, el mensaje no se queda en la ciudad corazón: se proyecta hacia todo el territorio nacional.
La salida de exdiputados, regidores y líderes comunitarios hacia la Fuerza del Pueblo refleja un proceso de recomposición política que no puede ignorarse. El PLD, otrora fuerza dominante, ve cómo sus estructuras se erosionan en una plaza estratégica, mientras Leonel Fernández fortalece su base territorial con figuras que aportan legitimidad y capacidad de movilización.
El país observa con atención. En medio de tensiones institucionales y desafíos económicos, la ciudadanía busca certezas y liderazgo probado. La narrativa que se desprende de Santiago es que Fernández, con su experiencia y visión de Estado, se reposiciona como opción presidencial. No es casual que los juramentados hablen de confianza, estabilidad y futuro: son conceptos que resuenan en un electorado que demanda dirección clara.
Más allá de la coyuntura, lo ocurrido en Santiago debe interpretarse como un catalizador de cambios políticos. La ciudad corazón, con su dinamismo empresarial y su tradición de liderazgo social, se convierte en escenario de un reacomodo que puede definir la correlación de fuerzas en las elecciones venideras. Lo que ocurre en Santiago rara vez se queda en Santiago: suele irradiar hacia el resto del país.
La política dominicana está en movimiento. Las lealtades tradicionales se reconfiguran y las ciudades, como Santiago, vuelven a recordarnos que son protagonistas del destino nacional. La Fuerza del Pueblo ha dado un paso adelante en una plaza clave, y Leonel Fernández, con cada juramentación, se acerca a un escenario donde la pregunta no es si será candidato, sino si el país está dispuesto a confiar nuevamente en su liderazgo.
El entusiasmo con que se vivió la juramentación en la ciudad corazón es más que un gesto simbólico. Es una declaración política: Santiago, con su peso histórico y su influencia nacional, ha dicho que sí. Y cuando Santiago habla, el país escucha.
