LIBERTAD DE PRENSA Y DE LIBRE EXPRESIÓN

La libertad de prensa y la libre expresión son pilares fundamentales de cualquier sociedad democrática. Estos derechos, consagrados en diversas Constituciones y tratados internacionales, permiten que las personas se expresen sin temor a represalias y que los medios de comunicación puedan informar con independencia y sin censura.

La libertad de prensa es esencial para la transparencia y la rendición de cuentas. Los medios de comunicación actúan como un vigilante del poder, investigando y exponiendo la corrupción, el abuso de poder y otras irregularidades. Sin una prensa libre, los ciudadanos carecerían de la información necesaria para tomar decisiones informadas y participar plenamente en la vida democrática.

En muchos países, la prensa ha jugado un rol crucial en el descubrimiento de escándalos políticos y económicos. Por ejemplo, el caso Watergate en Estados Unidos, expuesto por periodistas del Washington Post, llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon. Este tipo de investigaciones no sería posible en un entorno donde la prensa está controlado o censurada por el gobierno y los empresarios de los medios de comunicación.

La libre expresión como derecho fundamental

La libre expresión va más allá de la libertad de prensa; es el derecho de todo individuo a expresar sus ideas y opiniones. Este dicho está protegido por el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

La libre expresión es fundamental para el desarrollo personal y social. Permite el debate e intercambios de ideas, elementos esenciales para el progreso científico, cultural y político. Sin la capacidad de expresar libremente pensamientos y opiniones, una sociedad, ni sus instituciones políticas no pueden evolucionar ni resolver sus diferencias de manera pacífica.

A parecer, hay temas que no caben en ciertos conceptos sobre la libertad de prensa en algunos países; por ejemplo, hace unas semanas se celebró el Dia Internacional de la Libertad de Prensa; pero en Alemania, Estados Unidos y Republica Dominicana ejercían un grosero acto de injerencia y de flagrante violación de las normas internacionales sobre la libertad de prensa y de libre expresión.

A mediados de abril, el exministro griego de Finanzas y profesor de Economía de la Universidad de Atenas, Yanis Varoufakis, debía hablar en un Congreso sobre Palestina que se realizaría en Berlín. En el discurso previsto, comentaría su respuesta a la pregunta de un periodista alemán, sobre por qué un Congreso acerca de Palestina. “Porque no podemos contar con los silenciados, que también se ven masacrados y pasan hambre, para que nos hablen de las matanzas y la hambruna”, respondió.

El ministro del Interior alemán prohibió la entrada de Varoufakis al país, y cuando sesionaba el Congreso, la policía irrumpió en el edificio con unos 2000 efectivos, y exigió que se interrumpiera la trasmisión directa de la cita organizada, nada más y nada menos, que por la Voz Judía en Oriente Medio.

En ese mismo Congreso debía participar el medico británico-palestino Ghassan Abu Sitta, cirujano plástico en varios escenarios de guerra, incluidos los hospitales bombardeados de la Franja de Gaza; pero al llegar a la terminal, “me pararon en el control de pasaportes, me escoltaron luego a los sótanos del aeropuerto, y me interrogaron durante unas tres horas y medias”.

Luego lo montaron en un avión, de vuelta a Londres, antes de notificarles que la prohibición de entrada a Alemania se extendería por todo el mes de abril. “Y no solo eso: que, si trataba de establecer comunicación por medio de Zoom o Face Time, aunque me encontrase fuera de Alemania, o si enviaba un video de mi ponencia al Congreso de Berlín, eso constituiría una infracción de las leyes alemanas, y me arriesgaría a que se me impusiera una multa o una pena de hasta un año de cárcel”.

Invitado al Senado Frances para una conferencia, hace una semana, Abu Sitta vivió la misma escena en el aeropuerto Charles de Gaulle. Francia le negó la entrada, dada una solicitud de prohibición por un año, hecha por Alemania, en virtud del espacio Schengen.

Al otro lado del Atlántico, a miles de kilómetros de Alemania, las detenciones de profesores y estudiantes que en mas 60 universidades estadounidenses protestaban contra la masacre palestina, superaron los 2,000 personas entre estudiantes y profesores. En la Universidad de Columbia, detonante de la ola de manifestaciones, los testimonios de la extrema violencia policial solo pudieron ser contados, en toda su dimensión, por los estudiantes de periodismo, que acaban de recibir el reconocimiento de la Junta de los Premios Pulitzer, por comunicar lo que un Estado Modelo de la “libertad de prensa y la libre expresión” prohibió contar a los medios tradicionales de prensa.

Para Biden, los violentos no son los policías, sino los educandos, a quienes llamó “antisemitas”, pero no critico -como tampoco los grandes medios-que la policía no interviniera cuando grupos proisraelíes irrumpieron para desmantelar a golpes los campamentos.

El caso más patético de violación a la libertad de prensa y de libre expresión fue el de Julián Assange, periodista y activista austriaco, director y portavoz del sitio web WikiLeaks, acusado por las autoridades estadounidenses de espionaje relacionados con la publicación en WikiLeaks de cientos de miles de documentos proporcionados por Chelsea Manning, exanalista de inteligencia del Ejército de Estados Unidos.  Assange permaneció por 12 años en presión, y fue liberado la semana pasada, como parte de un acuerdo con el gobierno de Joe Biden, declarándose culpable de un delito de espionaje frente a una corte federal de Saipán, capital de las islas Mariana del Norte, un territorio estadounidense en el pacífico Sur.

En República Dominicana, el Ministerio Público indicó recientemente que tomaría “medidas cautelares” ante las campañas ilícitas en su contra“”, cercenando de esa manera la libertad de prensa y el derecho a la libre expresión. Con la declaración firmada por la procuradora general, Mirian Germán Brito, “de corte intimidatorio” contra los periodistas del país, se viola el derecho constitucional a la libre expresión.

Las amenazas legales, como las demandas por difamación, son utilizadas para silenciar a los periodistas y medios críticos.

La libertad de prensa y la libre expresión son esenciales para la democracia y el desarrollo humano. Aunque enfrentan numerosos desafíos, su defensa es crucial para garantizar una sociedad libre y justa. A través de la protección legal, la vigilancia de la ciudadanía y el compromiso cívicos; es posible preservar y fortalecer estos derechos fundamentales.

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