Monumento Grito de Capotillo

El santuario patriótico de Capotillo exige la atención del Gobierno central

Ubicado en Loma de Cabrera, el monumento posee una arquitectura monumental e histórica impresionante. Sin embargo, su lejanía geográfica de los grandes centros urbanos lo mantiene en un lamentable aislamiento.

Monumento Grito de Capotillo
Vista panorámica en dirección norte-sur del monumento Grito de Capotillo. Jorge González

Loma de Cabrera, Dajabón, RD.- El Monumento Grito de Capotillo se levanta majestuoso en Loma de Cabrera, en la provincia fronteriza de Dajabón. Esta gigantesca estructura celebra la gesta patriótica que devolvió la soberanía nacional a los dominicanos en 1863, marcando el glorioso inicio de la heroica Guerra Restauradora.

Sin embargo, su distancia geográfica lo aleja de las rutas turísticas y de la agenda gubernamental y educativa del país. Esta situación lo convierte en un lugar poco visitado, donde raras veces se organizan actividades culturales o patrióticas.

"Son pocos los monumentos históricos en el país tan impresionantes como este, pero casi nadie sabe que existe porque, si no viene el presidente, nadie le da importancia. Soy profesor de escuela, he visitado muchos monumentos en la capital y muy pocos tienen una estructura como esta", expresó con resignación el docente Carlos Martínez.

Estos son los dos colosales bloques de hormigón que dominan la plaza, teniendo al representativo Bloque Capotillo como el pórtico principal de entrada. Jorge González
Estos son los dos colosales bloques de hormigón que dominan la plaza, teniendo al representativo Bloque Capotillo como el pórtico principal de entrada. Jorge González

Historia y valor patrimonial

Diseñado por el destacado arquitecto Rafael Calventi e inaugurado en 1986, el complejo cuenta con amplios salones y murales en metal del célebre artista Antonio Prats Ventós. Además, sus instalaciones resguardan una imponente escultura creada por el artista y militar Ramiro Matos González.

Rodeado por un entorno natural impresionante, este santuario honra el sacrificio de los nacionalistas que se rebelaron contra la anexión española. Trágicamente, aunque el área luce cuidada, la falta constante de público transmite una triste sensación de abandono.

Aislamiento y olvido oficial

Su ubicación fronteriza, a unos 45 minutos del municipio de Dajabón, condena esta plaza histórica al olvido cotidiano. Ni la élite gubernamental ni los mandos militares suelen frecuentar el lugar, relegando su impacto cultural únicamente a las festividades locales de cada 16 de agosto.

Para ser justos, el sitio se mantiene bien vigilado en su acceso principal, limpio y con una vegetación cuidadosamente recortada. La estructura física impresiona a simple vista, pero al recorrer sus pasillos vacíos es imposible no sentir el peso de la humedad y el silencio.

Este muro muestra en tono gris oscuro figuras humanas de aspecto histórico o militar, marchando con banderas, lanzas y a caballo en lo que parece una procesión o gesta heroica. Jorge González
Este muro muestra en tono gris oscuro figuras humanas de aspecto histórico o militar, marchando con banderas, lanzas y a caballo en lo que parece una procesión o gesta heroica. Jorge González

Un llamado a la acción

Es hora de que el Gobierno central rescate este patrimonio tangible mediante inversión en promoción turística, un plan de mantenimiento preventivo y la integración del santuario en las rutas de excursiones escolares a nivel nacional. La distancia con la capital no debe ser excusa para sepultar en la indiferencia la cuna de nuestra libertad restaurada.

Origen histórico

El 16 de agosto de 1863, un grupo de revolucionarios liderados por Santiago Rodríguez aprovechó que el ejército español desplazó sus guarniciones fronterizas hacia Puerto Plata y Santiago. Los patriotas armados cruzaron la frontera, llegaron al cerro de Capotillo e izaron con orgullo la bandera dominicana.

04-	Vista frontal de la parte principal del Monumento del Grito de Capotillo. Jorge González
04- Vista frontal de la parte principal del Monumento del Grito de Capotillo. Jorge González

El Recorrido

Tras recorrer una serpenteante carretera de montaña, la densa vegetación de Loma de Cabrera abre paso a una escena monumental. El bullicio desaparece por completo; solo el trinar de las aves rompe el silencio solemne que rodea la llegada al imponente Monumento al Grito de Capotillo.

Al llegar dos colosales bloques de hormigón dominan la plaza, teniendo al representativo Bloque Capotillo como el pórtico principal de entrada.

En el centro de la grieta monumental, un majestuoso mástil eleva la Bandera Dominicana, conectando el hormigón con el cielo. A su alrededor destacan columnas truncadas intencionalmente.

Placas de hormigón visto se combinan con ladrillos y rocas marinas, creando un vistoso contraste neobrutalista sobre el verdor de la sierra. En la fachada, los célebres relieves metálicos esculpidos por Antonio Prats Ventós inmortalizan con maestría el heroico avance del campesinado dominicano armado.

En el corazón del conjunto descansa el pebetero simbólico rodeado de piedras, ideado para recordar la llama inmortal de los combates. Asimismo, finas placas de bronce en los muros dividen con honor la historia entre los próceres Iniciadores de 1863 y los Concluyentes de 1865.

Bajo la gigantesca plataforma superior se ocultan amplios salones destinados al arte, conferencias y exposiciones históricas. Lamentablemente, estos solemnes espacios diseñados para la memoria colectiva aguardan hoy en la soledad montañosa la necesaria llegada de visitantes para revivir la historia nacional.

El Grito de Capotillo

Se considera el acto político y militar que dio inicio a la Guerra de la Restauración (1863-1865). Encabezado por Santiago Rodríguez, este hecho tuvo como objetivo principal recuperar la independencia de la República Dominicana frente al Reino de España.

Un pebetero simbólico rodeado de piedras, ideado para recordar la llama inmortal de los combates. Jorge González
Un pebetero simbólico rodeado de piedras, ideado para recordar la llama inmortal de los combates. Jorge González

Fuente: El Nacional

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