Un Estado costoso que exige reformas profundas

El aparato estatal dominicano se ha convertido en una maquinaria pesada, costosa e ineficiente.

Al cierre de 2025, la nómina pública alcanzó los 773,025 servidores, un aumento de más de 33 mil empleados respecto al año anterior.

Este crecimiento desmedido ha significado que el 23.2% del presupuesto nacional se destine únicamente a remuneraciones, dejando en segundo plano la inversión en salud, educación e infraestructura.

Lo más alarmante es que el propio Ministerio de Administración Pública ha reconocido no tener cifras exactas sobre el número de empleados, lo que refleja una preocupante falta de transparencia en la gestión del recurso humano estatal.

La duplicidad de funciones entre instituciones, la creación de organismos con competencias similares y la ausencia de un sistema de control confiable han generado un Estado que consume recursos sin garantizar resultados.

Los ciudadanos enfrentan trámites interminables, servicios deficientes y una administración que se percibe más como un lastre que como un motor de desarrollo.

Una de las promesas del presidente de la reupblica fue promover un plan de modernización y reducción institucional que lograra integrar entidades, suprimir organismos redundantes y aplicar sistemas de evaluación de desempeño.

Iniciativas como el Sistema de Evaluación de Desempeño Institucional (EDI), reconocido por la OEA, y el programa “Burocracia Cero” han sido concebido con la finalidad de simplificar trámites y mejorar la calidad de los servicios.

Sin embargo, estas medidas chocan con la resistencia política a recortar plazas y con la falta de datos precisos que permitan dimensionar el problema en toda su magnitud.

Un Estado costoso e ineficiente no solo compromete la sostenibilidad fiscal, sino que también limita la capacidad de inversión en el desarrollo local y en la competitividad nacional.

La modernización debe ir acompañada de un censo laboral transparente, de la eliminación de instituciones duplicadas y de un compromiso real con la eficiencia. Solo así se podrá transformar la administración pública en un instrumento de progreso y no en una carga que asfixia las finanzas del país.

Cada dia, los ciudadanos reclaman con mas fuerza una administración moderna, transparente y al servicio de la ciudadanía.

Un Estado costoso que exige reformas profundas

Jose Alberto Blanco

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